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Arrodillado
La primera luz de la lámpara de mesa caía sobre el hombre de piel clara. Estaba de pie, quieto, frente al sillón. Su barba oscura recogía tenues reflejos dorados.
El hombre de piel oscura se arrodilló. La alfombra ahogó el leve crujido de sus rodillas. Su cabeza quedó a la altura del vientre del otro.
Sus manos descansaron sobre los muslos del hombre de pie. Los dedos no se movieron. Solo estaban allí, apoyados sobre la tela oscura del pantalón.
La respiración del hombre de pie era apenas perceptible. Su pecho se elevaba y descendía con un ritmo constante y profundo. Por un largo momento, ningún otro movimiento alteró la escena.
Luego, el hombre arrodillado inclinó la cabeza hacia adelante. Su nuca, recortada por el cabello corto, quedó expuesta bajo la luz. Su hombro derecho cedió unos centímetros.
La tensión cambió en el cuerpo del hombre de pie. El peso de su postura se trasladó ligeramente hacia los talones. Una mano se cerró en un puño flojo a su costado.
La cabeza del hombre arrodillado se hundió en el pliegue de la ingle del otro. La tela del pantalón se tensó. Un gemido bajo, casi un suspiro, salió del hombre de pie.
Él permaneció arrodillado, inmóvil, con el rostro oculto. Su espalda formaba una línea curva y sumisa. La luz de la lámpara ya no le alcanzaba.
Cambio de posición
El hombre se enderezó sobre sus rodillas. Su espalda, pálida y tensa, quedó de frente al otro. Los músculos se dibujaron bajo la piel mientras apoyaba las palmas de las manos en el suelo. La luz de la lámpara ahora iluminaba únicamente sus costillas y el costado de su muslo.
Avanzó lentamente, desplazando el peso del cuerpo sobre manos y rodillas. El movimiento fue un solo acto, continuo y silencioso. El sofá cedió bajo sus apoyos con un leve crujido. Se detuvo cuando su sombra cubrió por completo al hombre tendido en el suelo.
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| Cuándo | Qué pasó | Qué cambió después |
|---|---|---|
| En el primer movimiento | Se puso a cuatro patas | Su espalda se interpuso entre la luz y el hombre en el suelo |
| Un instante después | Avanzó sobre el sofá | Acortó la distancia que lo separaba del otro cuerpo |
| Al llegar sobre él | Se inclinó sobre su torso | Su sombra envolvió al hombre acostado |
| Quedándose allí | Bajó la cabeza hacia el pecho del otro | El contacto se trasladó de la mirada al cuerpo |
| En la pausa final | Suspendió el movimiento | La habitación recuperó un silencio cargado |
Se inclinó entonces. Su cabeza descendió hacia el pecho del hombre que permanecía inmóvil. La curva de su espalda formó un arco perfecto sobre la quietud del otro. La respiración del hombre tendido se hizo más profunda, más audible.
El vacío entre sus cuerpos desapareció. Solo quedó la presión de un peso sobre otro, la sombra de uno sobre la piel del otro. La lámpara siguió encendida en la mesilla, alumbrando un espacio que ya no miraban.
El beso en el pie
Liam yacía boca arriba en el suelo. Griffin se inclinó sobre él. Sus hombros ocultaban parte del torso de Liam.
Griffin bajó aún más la cabeza. Su rostro se perdió de vista. Un movimiento lento llevó sus labios al empeine del pie izquierdo de Liam. Los labres se posaron sobre la piel. Permanecieron allí un par de segundos, inmóviles. Luego, Griffin separó la cabeza. El pie de Liam permaneció en el mismo sitio, quieto sobre la alfombra.
Todo lo sucedido en la habitación se iba depositando en los cuerpos y en los objetos, transformando su estado inicial. La quietud de los últimos minutos lo definía todo.
| Al principio | Al final |
|---|---|
| Liam permanecía tendido de espaldas. | Liam continuaba inmóvil en el suelo. |
| Griffin se arrodillaba a su lado. | Griffin se inclinaba sobre su torso. |
| Una lámpara vertía luz desde la mesilla. | La lámpara seguía alumbrando el brazo de Liam. |
| La chaqueta de Griffin colgaba del sofá. | La chaqueta no se había movido. |
| Un zapato descansaba junto al puff. | El zapato yacía en el mismo lugar. |
Nada más ocurrió durante un largo minuto. Griffin no se enderezó. Solo el leve movimiento de su espalda delataba que respiraba. La habitación guardaba un nuevo gesto, un contacto que ya no existía pero que había alterado el aire.
Sobre él
Entonces se movió. Se tendió sobre el cuerpo del otro hombre, que yacía boca arriba en el suelo. Su peso se depositó lentamente sobre el torso, los muslos. El contacto fue completo, piel contra piel.
El contorno
La respiración del hombre debajo se hizo más profunda, un movimiento involuntario del pecho. El de arriba ajustó la posición de sus caderas. Buscó un lugar donde encajar, un punto de apoyo.
El de abajo no se separó. Permaneció con los brazos a los costados, las palmas hacia arriba. Su cuerpo aceptó el peso sin un gesto de rechazo.
La mano
Minutos después, la mano del hombre de arriba bajó. Se posó en su propio vientre, bajo el ombligo. Los dedos se cerraron sobre sí mismos, un puño contra la piel.
El movimiento fue breve, un acto aislado. La mano se mantuvo allí, quieta, mientras su cuerpo seguía extendido sobre el otro. No hubo otro cambio.
En la habitación, todo lo demás permaneció inmóvil hasta el final.
- La lámpara de mesa seguía encendida en la mesilla.
- El televisor mudo en su armario de madera.
- El cojín del sofá, ligeramente hundido por un peso ausente.
- El cuadro en la pared, recto y silencioso.
- El pequeño puff vacío junto al sillón.
El último gesto
Su cabeza se elevó del pecho del otro hombre. Los músculos de su cuello se tensaron en un movimiento pausado. Permaneció así, inmóvil, durante unos segundos. La respiración de ambos era ahora el único sonido.
Su mirada se fijó en un punto de la pared, más allá de la lámpara de la mesilla. No miró hacia abajo, hacia el hombre que sostenía su peso. El cuadro con el marco dorado estaba frente a él, pero sus ojos no lo registraron.
El cuerpo del hombre debajo de él seguía quieto. Solo el leve movimiento de su abdomen delataba la vida. La luz de la habitación envolvía las figuras en un silencio espeso. Todo lo demás había cesado.
Luego, bajó la cabeza de nuevo. No fue un regreso al mismo punto, sino un descenso más leve. Su frente rozó la clavilla del otro. Se acomodó en esa posición final, como encontrando un último ajuste. Allí se quedaron.
El vacío de la habitación los rodeaba. El sofá, la mesilla, el puff. Todo permanecía en su sitio, testigo mudo. La escena había llegado a su quietud definitiva. Nada más ocurriría.
